Pabellon Mies van der Rohe Barcelona

Hace pocas fechas, un cliente de nacionalidad rusa nos pidió que la estética de su proyecto estuviera inspirada en el constructivismo ruso, incluso nos envió varias imágenes para ilustrar lo que quería. Nos pareció un regalo, pese a que íbamos a perder todo el trabajo que habíamos realizado hasta ese momento, puesto que no iba ni mucho menos por esa línea. La gran pregunta era si podíamos ser capaces de recrear la estética esencial de ese movimiento, pero en la época actual. Así que nos pusimos a desgranar algunas de las características de este estilo.

El constructivismo fue un movimiento artístico que se desarrolló en Rusia en los años 20 y principios de los 30 del siglo XX. Pese a que se desarrolló en varias disciplinas (fotografía, pintura, diseño, cine…) es en la arquitectura donde quizás logró su máxima expresión. Con fundamentos en el cubismo y el futurismo, trata de alejarse de las épocas anteriores en las que los excesos decorativos eran la característica principal (y asociada a la clase burguesa), para optar por un arte sencillo, de líneas puras y geométricas, que pudieran identificarse mejor con las clases populares, convirtiéndose así en el arte oficial de la Revolución Rusa. Para ello, emplearían materiales «pobres» como el hormigón, el cristal, el acero… y priorizarían de forma irrenunciable la función antes que la estética.
Podemos citar como obras clave el monumento a la tercera internacional de Tatlin, (que nunca se construyó), o cualquiera de los proyectos de Melnikov.

Si un movimiento artístico es importante en sí mismo, lo es también por la influencia en posteriores expresiones. En ese aspecto, el legado del constructivismo ruso, que prácticamente desapareció a mediados de los 30, ha sido altamente importante: si bien hubo un pequeño intento rehabilitador del movimiento en los años 60 en la propia URSS, el constructivismo no fue santo de devoción del Movimiento Moderno al considerarlo radical. Sin embargo, podemos encontrar altas reminiscencias del mismo en trabajos ligados al brutalismo o a la arquitectura Hi-Tech, como algunas obras de Richard Rogers o de Zaha Hadid, puesto que también el deconstructivismo arquitectónico se inspira en el dinamismo constructivista, sólo que evitando sus características de índole político-social.